Cómo la soberanía digital amenaza el avance y las ventajas de la nube

25 urtarrila 2021

Cómo la soberanía digital amenaza el avance y las ventajas de la nube

La computación en la nube está en un momento crítico. Millones de empresas la utilizan para almacenar datos y ejecutar aplicaciones y servicios en remoto. Esto ha reducido los costes y ha acelerado las operaciones. Pero, una nueva tendencia amenaza los beneficios que la computación en la nube ha generado.

La “soberanía digital” representa las muchas formas en las que los gobiernos intentan mantener un mayor control sobre los entornos informáticos de los que dependen sus países. Desde hace mucho tiempo, el concepto se ha convertido en una preocupación para las cadenas de suministro, dado su impacto en los tipos de hardware y software disponibles en un mercado determinado. Y ahora también está empezando a afectar a la nube.

Los gobiernos de todo el mundo están aprobando medidas para que las empresas alojen su infraestructura y almacenen ciertos tipos de datos en jurisdicciones locales. Algunos también requieren que las empresas que operan dentro de sus fronteras brinden al gobierno acceso a los datos y códigos almacenados en la nube.

Esta tendencia, especialmente cuando se aplica de manera unilateral, debilita el modelo fundamental de la computación en la nube, que se basa en la libre circulación de datos a través de las fronteras. Un usuario o proveedor de la nube debería poder utilizar cualquier aplicación o conjunto de datos en la nube en cualquier momento o lugar. Y los clientes deberían poder elegir al proveedor que mejor se adapte a sus necesidades.

Si permitimos que la soberanía digital siga invadiendo aún más, los proveedores de servicios en la nube estarán vinculados a intereses nacionales y los consumidores sufrirán importantes aumentos de costes. El poder se concentrará todavía más en manos de unos pocos grandes actores. Y la fragmentación dentro de las líneas nacionales dificultará la posibilidad de que cualquiera pueda resolver los problemas globales que dependen de la tecnología interoperable.

Pagar para jugar

Si bien la nube y los servicios basados en ella están teóricamente disponibles para cualquier empresa del mundo con acceso a internet, la soberanía digital hace que sea cada vez más difícil para las empresas de muchos países aprovechar esta poderosa tecnología.

En Europa, la preocupación por el dominio de los proveedores de servicios en la nube de EE. UU. y China ha impulsado esfuerzos para crear una nube europea. El proyecto GAIA-X, por ejemplo, tiene como objetivo orientar a las empresas europeas hacia los proveedores locales de la nube. Además, las medidas como el RGPD (Reglamento General de Protección de Datos de la UE), con su enfoque en la gobernanza de datos, ofrecen una ventaja a los proveedores europeos que, de otro modo, no serían competitivos.

China lleva mucho tiempo requiriendo que la infraestructura de la nube de sus empresas locales se aloje en el propio país. De hecho, la Ley de Ciberseguridad de China exige que ciertos datos se almacenen en servidores locales o se sometan a una evaluación de seguridad antes de su exportación. La ley de protección de la información personal, que aún está en borrador, va un paso más allá al afirmar que las reglas sobre los datos de China se deberían cumplir en cualquier parte del mundo si los datos en cuestión se refieren a ciudadanos chinos. Esta ley también crearía una lista negra que prohibiría a algunas entidades extranjeras recibir datos personales de China.

Estados Unidos ha empezado a fomentar su propia versión de la soberanía digital. La Iniciativa de Red Limpia del Secretario de Estado Mike Pompeo prohibiría a las empresas chinas de la nube almacenar y procesar datos sobre ciudadanos y empresas estadounidenses. Y aunque la administración del nuevo presidente del país, Joe Biden, probablemente revertirá muchas de las acciones tomadas bajo el mandato de Donald Trump, la posibilidad de obligar a ByteDance a vender TikTok a Oracle o a realizar sus operaciones en EE. UU. a través de un socio local, permanece sobre la mesa. Esto podría sentar un precedente peligroso: el Gobierno de EE. UU. estaría reflejando y legitimando las regulaciones de la nube de China, que requieren que los proveedores extranjeros entren al mercado solo a través de las empresas conjuntas con las compañías chinas que poseen acciones mayoritarias.

La tendencia hacia la soberanía digital ha desatado una carrera de armamento digital que ralentiza la innovación y no ofrece ningún beneficio significativo a los clientes.

Y en Sudáfrica, la directiva de 2018 del Banco de la Reserva de Sudáfrica estableció un mecanismo de aprobación para las instituciones que quieren usar la computación en la nube, indicando que los supervisores del banco “no estarían conformes” si los datos se almacenaran de manera que pudiera impedir su acceso a ellos.

Si alguna variación del acuerdo de TikTok / Oracle se convierte en la norma, preparará el escenario para que más gobiernos exijan que los proveedores de tecnología vendan una participación a una entidad local, u operen a través de una, a cambio de acceso al mercado.

Los defensores de este enfoque argumentan que cierto grado de soberanía de datos es inevitable. Aseguran que internet global todavía funciona frente a estas reglas, y que las empresas continúan obteniendo ganancias e innovando. Pero, el hecho de que algunas empresas sigan prosperando en estas condiciones no es un argumento convincente para imponerlas.

Hacia una nube global

La tendencia hacia la soberanía digital ha desatado una carrera de armas digitales que ralentiza la innovación y no ofrece ningún beneficio significativo a los clientes.

Empresas como Amazon y Microsoft pueden permitirse seguir expandiendo sus plataformas de computación en la nube a nuevos países, pero son la excepción. Miles de empresas más pequeñas que brindan servicios en la nube sobre estas plataformas no tienen los medios económicos ni tecnológicos para que sus productos estén disponibles en todos los centros de datos.

En Europa, por ejemplo, el proyecto GAIA-X solo puede fortalecer a los grandes proveedores actuales. Y en China, la gran mayoría de los proveedores de software extranjeros han decidido no ofrecer sus servicios en la nube allí porque los obstáculos resultan demasiado descomunales. Esto perjudica tanto a los clientes chinos como a los proveedores de tecnología extranjeros. También deshace todas las ventajas económicas y de seguridad de una nube global.

Necesitamos que los diferentes países colaboren en estándares comunes, acordando un conjunto de principios básicos para la nube y normas para el acceso de los gobiernos a los datos almacenados allí.

La OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), por ejemplo, podría llevarlo a cabo basándose en sus pautas de privacidad existentes. La Alianza Global de la OCDE sobre la IA (inteligencia artificial) es un buen ejemplo de iniciativa en un área tecnológica que reúne a muchas partes interesadas para desarrollar políticas.

Como punto de partida, la coalición podría centrarse en un subconjunto estrecho de flujos de datos comerciales y sus casos de uso correspondientes (como los que involucran información interna del personal de una empresa o los contratos transfronterizos). Reconocer las preocupaciones detrás del impulso por la soberanía digital (donde se incluiría la seguridad política y nacional y la competitividad económica) podría ayudar a sentar las bases para tal acuerdo. Un enfoque podría consistir ofrecer incentivos para las empresas que participen en dicha coalición, pero sin bloquear el flujo de datos de aquellas que no lo hagan.

Finalmente, las organizaciones como Cloud Security Alliance y Cloud Native Computing Foundation pueden ayudar a encontrar formas para que el sector privado utilice la computación en la nube a nivel mundial sin verse obstaculizado por los vaivenes de la soberanía digital.

Las reglas que establezcamos hoy para gestionar la computación en la nube darán forma a internet en los próximos años. Para mantener ampliamente disponibles los beneficios de esta poderosa tecnología, impidamos la mayor invasión de la soberanía digital.

*Michael Rawding es el socio fundador de GeoFusion y antiguo presidente de Microsoft Asia. Samm Sacks es becario de política cibernética en New America y miembro principal del Centro Paul Tsai China de la Facultad de Derecho de Yale.
*Este artículo hace referencia a Microsoft, cuyos fondos funcionan en New America, pero no apoyó directamente la investigación ni redacción de este artículo. Microsoft es cliente de GeoFusion.

Source: technologyreview.es

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